¿Porqué siguen fallando los monorrieles?

Van a decir que jodo mucho con el tema, pero es que me he puesto a investigar sobre los monorrieles y no encuentro nada que justifique su uso en nuestras ciudades ni a corto, ni a mediano ni a largo plazo, pues vivimos en una ciudad que no se organiza ni planifica, pero esperemos que eso cambie a pesar de que hemos esperado 50 años para eso y todavía no hemos pegado una.


El monorriel es lo mismo que la planta de carbón de Punta Catalina. Nosotros celebrando la construcción de una y muchos países queriendo salir de ellas.

Claro, esto lo hago desde el cuarto de la ignorancia porque no conozco los detalles del proyecto. Pueda ser que me sorprenda, pero no necesariamente que me equivoque. O no yo, los expertos que han estudiado el tema y la experiencia que hemos vivido con estos sistemas. La única ventaja que presentan los monorrieles es que requieren menos espacio en tierra y por lo general son menos costosos de construir que una línea de metro, pero algo no nos cuadra.


Solo hay 75 monorrieles en funcionamiento en todo el mundo, incluyendo los que se encuentran en Disneylandia.

Los monorrieles se presentaron como una visión futurista del transporte público, pero lo cierto es que el concepto, a pesar de que es muy bonito, presenta más incógnitas que respuestas.

La palabra monorriel significa “un carril” y apareció por primera vez en la Rusia de 1820. Claro, al principio era movilizado por caballos, pero luego, durante la primera mitad del siglo XX se presentaron diversas propuestas incluyendo una para la ciudad de Nueva York en 1930, como reemplazo para las líneas elevadas, pero como la mayoría de las propuestas de monorrieles, nunca fue construido. Los monorrieles funcionales llegaron a Estados Unidos porque Walt Disney los llevó por una bonita experiencia que tuvo en la Alemania de los años 50. Es así como construye para su parque en 1959, el primer sistema de monorriel de funcionamiento diario en los Estados Unidos.

Transporta unos 150,000 pasajeros por día y todavía luce moderno aún 60 años después, pero es difícil que eso pase para el sistema público, pues una de las desventajas del sistema es que las unidades se desgastan rápidamente, independientemente del mantenimiento que se les de, por eso estos sistemas son subvencionados por el Estado generalmente, pues tiene los recursos para sustituir la flotilla cada cierto tiempo. Volviendo a Disney, el viaje en el monorriel es más como un paseo y no fue construido con eficiencia en parte por la razón más desfavorable del monorriel: se necesita una infraestructura aislada del sistema convencional, lo que presenta retos considerables para la intermodalidad del sistema, que es a lo que debemos apuntar.

Es cierto que se pueden encontrar en megaciudades como Chongqing, Shanghai, Tokyo y Mumbai, pero expertos aseguran que funcionan porque esas ciudades tienen un problema de espacio tremendo, de tal modo que solo les toca construir verticalmente. En Chongqing tienen un monorriel que pasa por un edificio residencial y, aunque es muy interesante y una de las atracciones principales de la ciudad, hay que aclarar que está mal, pero supieron controlar la situación y responder económicamente a los residentes del mismo.


Es cierto que algunos han funcionado, pero son más los que han fracasado.

En Mumbai, India, esperaban 300,000 pasajeros diarios para un monorriel que inauguraron en 2014. El resultado: solo recibieron 17,000. En otras ciudades el problema ha sido la velocidad. Se paga lo mismo que en el metro por una velocidad mucho menor, por lo que muchas personas no están dispuestas a pagar lo que cuesta. Con esto tampoco digo que construyan metro, por ahora, pero en lugar de mirar opciones tan complejas, miremos las más sencillas. En mis años estudiando ingeniería aprendí que para todo proyecto se miran 3 opciones: la más barata, la mas o menos y la de mayor costo. La de mayor costo no siempre representa la mejor solución, pues todo depende de la gestión e implementación del proyecto. Lo mismo pasa con el sistema de transporte. No podemos pretender mirar a los monorrieles (solución más o menos) cuando nuestro sistema de autobuses (solución más barata) no está en las condiciones. Se construyó el metro (solución más cara) y aún no cumple con el objetivo de diseño porque la solución barata no se contempló y, por ende, no hay un sistema que lo complemente.

Otro aspecto que afecta a los monorrieles es que no pueden cambiar de rieles, por eso su nombre, duh. El diseño de los mismos impide que esto pueda ocurrir porque se construyen abrazando la estructura, por lo que no pueden pasarse de una ruta a otra o ser más flexibles.


Por otro lado, pueden ser muy caros si el diseño de la ciudad no permite una configuración favorable y si los números no dan. Tal es el caso del monorriel de Las Vegas. Gastaron 650 millones de dólares en 6 kilómetros para transportar a 20 millones de personas al año y solo pudieron llegar a 4,900,000 viajes al año. Solo el 24% de lo esperado y estamos hablando de Las Vegas. La compañía que invirtió en el sistema se declaró en bancarrota en 2010 y el proyecto tuvo que ser rescatado por el Estado. Como no son tan populares, existen pocas empresas en el mundo que se dedican a su fabricación y mantenimiento, por lo que esta parte, que es esencial para todo sistema desde que es concebido, resulta sumamente cara, pues los especialistas son muy pocos en todo el mundo.

Por último, los monorrieles dependen de la configuración de las ciudades. Los casos mencionados de las ciudades asiáticas, que funcionan por la alta densidad con la que cuentan y la poca disponibilidad de espacio, no es una realidad en República Dominicana. Acabamos de construir Ciudad Juan Bosch, o estamos en ese proceso, lo que significa que ahora se comenzará a llenar la mancha urbanizable que quedó libre entre el proyecto y parte de Santo Domingo Este, y todo indica que seguiremos creciendo horizontalmente hasta Boca Chica. Mucho más de ahí si no encontramos la manera de planificar verdaderamente las ciudades. Esto solo tomando en cuenta uno de los 3 municipios que rodean la capital, que ni tan vertical es. Lo mismo pasa hacia el norte y hacia el oeste y, si nos descuidamos, hasta en el mar Caribe se meten, como quería uno por ahí.

Ahora mismo lo que necesitamos es gestión, organizarnos y usar lo que tenemos hasta que verifiquemos, no con los ojos, porque los ojos pueden ser engañosos y todo depende de la cabeza que los contengan, sino con números que es como se comprueba el funcionamiento de los sistemas de transporte público.

Vamos a echarle ganas al sistema de transporte público por autobuses y nos daremos cuenta que funcionan mejor de lo que estamos acostumbrados.

Tampoco vayan a creer que tengo una empresa de autobuses y que por eso los defiendo. Una bicicleta es lo que único que lleva mi nombre en mi patrimonio personal, y esa no la dejo por nada por ahora, pero vivo el tema y quiero que República Dominicana entienda la importancia de hacer proyectos sencillos y baratos y aún así pasar a la historia. No solo con metros y centrales de carbón se deja una marca, también se hace con cosas tan sencillas como habilitar el 9-1-1, montarse en un vehículo eléctrico o invertir en una flotilla de autobuses en un país que nunca ha visto su verdadera función.

Si no me creen con esto de los monorrieles, los Simpsons pueden responderles en su episodio “Marge vs. the Monorail” que salió al aire en 1993.

Vean este video de los chicos de Cheddar que explica mucho de lo que acabo de poner en letras en este post.



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