El doble papel de la agricultura en la acción climática


La agricultura es fundamental para el desarrollo económico y social de América Latina y el Caribe (ALC). Sin embargo, es altamente vulnerable a los impactos del cambio climático. Cambios proyectados en la temperatura, patrones de precipitación, retroceso de glaciares e incidencia y magnitud de fenómenos climáticos extremos, entre otros factores, repercuten negativamente en el sector. A continuación, se comparten ejemplos de impactos específicos:


1. El cambio climático afecta la productividad agropecuaria. Estimaciones indican que cambios en los patrones de precipitación y en temperatura resultan en reducciones considerables en los rendimientos de cultivos de la canasta básica, así como de exportación. En América Latina, al 2020, se estima una pérdida de US$8,000-11,000 millones en ganancias netas por exportaciones de maíz, trigo, soya y arroz (Fernandes et al., 2012). En cuanto a ganadería, se prevé que el cambio climático afecte la cantidad de forraje y la calidad de éste, así como la fertilidad del ganado lechero y la energía que el animal dispone para actividades productivas. Los recursos pesqueros también están siendo afectados por la acidificación de los océanos, y el aumento de la temperatura y del nivel del mar. Se proyecta una redistribución de recursos pesqueros, aumentando el potencial de pesca en más de 30% en zonas de alta latitud y reduciéndose hasta en un 40% en el trópico (Cheung et al., 2010).


2. El retroceso de glaciares es otro impacto importante que afecta la producción agrícola debido a su efecto sobre el recurso hídrico. Por ejemplo, registros recientes indican una merma superior a una tercera parte del área glaciar de la Cordillera Blanca en Perú. Lo anterior repercute en la cantidad de agua disponible, particularmente en la época seca, y limita actividades agropecuarias en la zona y la disponibilidad de alimentos.


3. El cambio climático favorece la proliferación de ciertas plagas, así como la emergencia o reemergencia de enfermedades infecciosas y alteraciones en las localidades donde éstas se presentan. En Centroamérica, temperaturas más altas posiblemente contribuyeron a la epidemia de roya que causó una reducción de hasta el 25% de la cosecha de café 2012-2013 (CEPAL, 2014). Asimismo, con el cambio climático, se espera que en Colombia se acentúe la incidencia de plagas y enfermedades en banano, plátano, café, papas, cacao, maíz y yuca (Lau et al., 2010). En animales, la distribución de patógenos y enfermedades no transmitidas por vectores (por ejemplo, fiebre aftosa) se verán afectados por los cambios en la temperatura y la humedad (Van den Bossche y Coetzer, 2008).


4. Cambios en la aptitud para la producción agrícola de cultivos clave pueden afectar los ingresos y la seguridad alimentaria. A nivel global, altas temperaturas provocarán que elevaciones menores a 1,000 msnm a 5˚-10˚ del Ecuador pierdan su aptitud para el cultivo de café Arábica (Ovalle-Rivera, 2015). En Nicaragua la altitud óptima para el cultivo del café cambiará de 800-1400 msnm en la actualidad a 1,200-1,600 msnm en el 2050 (Laderach et al., 2009).


Al mismo tiempo, la agricultura (incluyendo el cambio de uso de suelo) figura entre las fuentes más importantes de emisiones de efecto invernadero en ALC. Este doble papel ha sido reconocido por los países de la región dentro de su Contribución Determinada a Nivel Nacional presentada a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en donde resaltan la relevancia de realizar medidas de adaptación y mitigación en la agricultura. La implementación de actividades que simultáneamente contribuyan a disminuir emisiones, reducir vulnerabilidad y aumentar productividad es clave y altamente promisoria para la región, un camino a seguir para el desarrollo sostenible de nuestros países.


Artículo obtenido de: Ana R. Ríos, especialista en recursos naturales en el BID, www.blogs.iadb.org

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